En los últimos años, la ciencia ha comenzado a mirar hacia el intestino como un actor clave en enfermedades neurológicas. El Parkinson, tradicionalmente asociado a la pérdida de neuronas dopaminérgicas, ahora se vincula con alteraciones en la microbiota intestinal. Este enfoque abre nuevas posibilidades para su tratamiento.
Un estudio publicado en NPJ Parkinson’s Disease, ha revelado que los pacientes con Parkinson presentan cambios específicos en sus bacterias intestinales. Estas modificaciones afectan la producción de compuestos esenciales para la salud cerebral, lo que podría influir directamente en la progresión de la enfermedad.
La investigación señala que restaurar ciertos metabolitos producidos por las bacterias intestinales podría convertirse en una estrategia terapéutica sencilla. Este hallazgo sugiere que el tratamiento del Parkinson con microbiota intestinal podría ser más que una idea prometedora: podría estar cerca de convertirse en una realidad.
Parkinson y microbiota intestinal: un vínculo cada vez más claro
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por síntomas motores como temblores, rigidez y lentitud de movimientos, así como manifestaciones no motoras que incluyen depresión, alteraciones del sueño y problemas digestivos. Estos últimos han llamado la atención de los investigadores, pues suelen aparecer años antes de los síntomas motores.
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Según el estudio, el análisis de la microbiota intestinal en más de 800 personas de distintos países mostró que los pacientes con Parkinson tenían una composición bacteriana distinta a la de individuos sanos. Entre los hallazgos, se detectó un aumento de la bacteria Akkermansia muciniphila y una disminución de Roseburia intestinalis y Faecalibacterium prausnitzii, ambas productoras de ácidos grasos de cadena corta (SCFAs).
Estos SCFAs cumplen funciones clave: fortalecen la barrera intestinal, regulan la inflamación y contribuyen a la salud del sistema nervioso. Su disminución podría favorecer la inflamación crónica y la acumulación de proteínas anómalas como la alfa-sinucleína, implicada en el Parkinson.
La importancia de los metabolitos clave
El estudio reveló que, además de los SCFAs, los pacientes con Parkinson presentaban niveles reducidos de poliaminas y de vitaminas esenciales como la riboflavina (B2) y la biotina (B7). Estas moléculas no solo se obtienen de la dieta, sino que también son sintetizadas por bacterias intestinales.
La riboflavina participa en la producción de energía celular y en la protección contra el estrés oxidativo, un proceso que daña las neuronas. Por su parte, la biotina tiene efectos antiinflamatorios y es esencial para el metabolismo de grasas y carbohidratos. Las poliaminas, como la espermidina y la espermina, contribuyen a la estabilidad del ADN y a la regeneración celular.
Una carencia sostenida de estos compuestos podría debilitar las defensas del cerebro frente al daño y la inflamación, acelerando la progresión del Parkinson.
Diferencias según el país, mismo efecto final
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que, aunque las bacterias implicadas variaban entre países, el efecto sobre el metabolismo era el mismo: menor producción de riboflavina, biotina, SCFAs y poliaminas.
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En Japón, Estados Unidos y Alemania, la reducción de riboflavina se asoció a la disminución de Faecalibacterium prausnitzii. En cambio, en China y Taiwán, el papel principal lo tuvo Phocaeicola vulgatus. Esto sugiere que, aunque las especies bacterianas difieran, las alteraciones funcionales de la microbiota pueden ser convergentes.
Tratamiento del Parkinson con microbiota intestinal
Los hallazgos abren la puerta a intervenciones dirigidas a restaurar la producción de estos compuestos beneficiosos. Estrategias como la suplementación de riboflavina y biotina, el consumo de prebióticos que favorezcan bacterias productoras de SCFAs, o incluso los trasplantes de microbiota fecal, podrían formar parte de futuros tratamientos.
De hecho, estudios previos han mostrado que dosis altas de riboflavina mejoran síntomas motores en pacientes con Parkinson. Aunque la biotina aún no ha sido probada en esta enfermedad, su eficacia en otros trastornos neurológicos, como la esclerosis múltiple, respalda su potencial.
El intestino como generador de inflamación o protección
El desequilibrio de la microbiota intestinal no solo reduce la producción de metabolitos protectores, sino que también aumenta la permeabilidad intestinal. Esto permite el paso de toxinas y agentes inflamatorios hacia el sistema nervioso, lo que podría favorecer la formación de agregados de alfa-sinucleína y la neuroinflamación.
Por el contrario, una microbiota equilibrada, rica en bacterias productoras de SCFAs y poliaminas, podría reforzar la barrera intestinal, modular la respuesta inmune y proteger las neuronas.
Conclusión
El estudio nos proporciona evidencia sólida de que el Parkinson y la microbiota intestinal están profundamente conectados. Las alteraciones bacterianas que reducen la producción de riboflavina, biotina, SCFAs y poliaminas podrían contribuir a la progresión de la enfermedad.
Restaurar estos compuestos mediante cambios en la dieta, suplementos o terapias dirigidas a la microbiota podría convertirse en un tratamiento del Parkinson con microbiota intestinal efectivo, seguro y relativamente sencillo. intestino.