El doctor Francisco Bentz Brugal, médico especialista en Medicina Física y Rehabilitación y embajador en la República Dominicana de la International Society for Medical Shockwave and Regenerative Treatments (ISMST), advirtió sobre la creciente oferta de equipos de dudosa procedencia que se presentan ante profesionales y pacientes como dispositivos médicos de ondas de choque focales, sin contar necesariamente con la tecnología, certificaciones, trazabilidad ni controles de calidad requeridos.
El especialista explicó que algunos de estos aparatos pueden encontrarse en plataformas internacionales de comercio electrónico, entre ellas Alibaba. Sin embargo, su disponibilidad en una plataforma comercial no constituye una certificación de eficacia, seguridad ni calidad médica.
“Un equipo no se convierte en un generador de ondas de choque focales simplemente porque así aparezca descrito en una publicidad o porque produzca presión, vibración, sonido o una sensación de impacto. La verdadera tecnología focal requiere principios físicos específicos, parámetros verificables de energía, profundidad de penetración, calibración, controles de fabricación y evidencia técnica que respalde su utilización clínica”, afirmó el doctor Bentz Brugal.
Las ondas de choque focales médicas auténticas se generan mediante tecnologías reconocidas, como los sistemas electrohidráulicos, electromagnéticos o piezoeléctricos. Estos dispositivos deben permitir identificar y controlar parámetros esenciales, entre ellos la densidad de flujo de energía, la presión, la frecuencia, la profundidad del foco y la estabilidad de la energía aplicada.
El doctor Bentz Brugal aclaró que la terapia por ondas de presión radiales también constituye una modalidad terapéutica válida cuando se utiliza correctamente y para indicaciones apropiadas. No obstante, técnicamente no debe comercializarse ni presentarse al paciente como si fuera una onda de choque focal.
“El problema no es únicamente de terminología. Confundir una onda de presión radial, un dispositivo neumático convencional o un aparato sin validación con una verdadera onda de choque focal puede generar expectativas falsas, tratamientos ineficaces, costos injustificados y retrasos en la atención adecuada del paciente”, puntualizó.
Asimismo, advirtió que adquirir un equipo basado exclusivamente en su bajo precio o en las afirmaciones del vendedor representa un riesgo. Antes de utilizarlo clínicamente, deben verificarse como mínimo:
* El fabricante y el país de origen.
* El registro o autorización sanitaria aplicable.
* Las certificaciones médicas e industriales correspondientes.
* El principio físico mediante el cual genera la onda.
* La documentación técnica y los parámetros reales de energía.
* La calibración, el mantenimiento y la disponibilidad de servicio técnico.
* La evidencia científica relacionada con el dispositivo o su tecnología.
* La formación y acreditación del profesional que realizará el tratamiento.
Bentz Brugal exhortó a los pacientes a preguntar qué tipo de tecnología recibirán, cuál es la marca y el modelo del equipo, qué certificaciones posee y si el procedimiento será realizado por personal médico debidamente entrenado. También recomendó desconfiar de expresiones comerciales como “ondas de choque focales” cuando el establecimiento no pueda demostrar documentalmente el mecanismo de generación, los parámetros energéticos y la autorización sanitaria del dispositivo.
“Las ondas de choque son una herramienta importante dentro de la medicina musculoesquelética y regenerativa, pero sus resultados dependen de una indicación clínica correcta, un diagnóstico preciso, un equipo auténtico y calibrado, y un profesional capacitado. No todo aparato que golpea o genera presión produce una onda de choque focal con capacidad terapéutica demostrable”, enfatizó.
El doctor Bentz Brugal también agradeció públicamente el respaldo de la Sociedad Dominicana de Fisiatría y reconoció la firmeza con la que esa entidad ha enfrentado esta situación en defensa del ejercicio médico responsable y de la seguridad de los pacientes.
“Valoramos y agradecemos el apoyo de la Sociedad Dominicana de Fisiatría, que ha asumido con valentía y responsabilidad la defensa de los estándares científicos, éticos y profesionales que deben regir la utilización de estas tecnologías en nuestro país. Su posición contribuye a proteger tanto a los pacientes como a los profesionales que ejercen correctamente”, manifestó.
Finalmente, el especialista hizo un llamado a las autoridades sanitarias, sociedades médicas, centros de salud y profesionales del sector para fortalecer la vigilancia, exigir mayor transparencia en la publicidad y establecer mecanismos de verificación que protejan a los pacientes frente a equipos sin trazabilidad o cuyas características no se correspondan con lo anunciado.








































