El llamado forma parte de la intención de oración de septiembre de la iniciativa “Reza con el papa”, dedicada este mes al cuidado del agua, un recurso que continúa siendo escaso, inseguro o inaccesible para millones de personas.
En su plegaria, León XIV pidió que la humanidad aprenda a custodiar el agua “con gratitud, justicia y responsabilidad”. También expresó pesar por quienes todavía no tienen acceso a agua limpia y deben recorrer largas distancias para conseguirla o enferman como consecuencia de su escasez.
“Un regalo universal”
El pontífice pidió perdón porque el agua se haya convertido “en mercancía, olvidando que es un regalo universal, un derecho sin fronteras”. La oración concluye con un llamado a vivir con mayor sobriedad, denunciar el desperdicio y la contaminación y defender el derecho de todas las personas a acceder al agua sin miedo ni desigualdad.
“Imagina un caluroso día de verano después de un trabajo duro o una larga caminata. Finalmente tomas un sorbo de agua fresca. Siente cómo el alivio y la energía recorren tu cuerpo”, expresó León XIV en el videomensaje promocional.
Para el papa, experiencias cotidianas como esa permiten recordar el valor del acceso a agua limpia. En una intervención pronunciada en inglés, León XIV recordó que una de cada cuatro personas en el mundo todavía carece de acceso a agua potable segura.
“Comunidades y naciones enteras necesitan nuestra acción por el cuidado del agua”, señaló.
Según los datos citados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, alrededor de 2,100 millones de personas todavía no disponen de acceso seguro al agua potable. Además, unos 106 millones dependen directamente de ríos, lagos y otras fuentes superficiales sin tratar.
El acceso mejora, pero no al ritmo necesario
Entre 2015 y 2024, la cobertura mundial de agua potable gestionada de manera segura pasó de 68 % a 74 %, de acuerdo con las cifras suministradas. Sin embargo, el avance continúa siendo insuficiente para alcanzar el acceso universal en 2030.
El informe citado por la Red Mundial de Oración con el Papa advierte que los países de bajos ingresos necesitarían avanzar aproximadamente siete veces más rápido que su ritmo actual para alcanzar esa meta.















































